María Paula Jiménez Palacio

Fotos: J.E. Torres

Entrenarse en compasión

«Nacimos para tratarnos bien»


Así lo explica María Paula Jiménez Palacio, una sicóloga bogotana egresada de la Universidad de Los Andes que se abrió paso convencida de encontrar su vocación: ayudar con generosidad. Es la única persona en Colombia y una de las pocas en América Latina que se ha entrenado en un centro especializado para enseñar a la humanidad qué es la compasión y cómo se practica con uno mismo y con los demás. Ella es Instructora Certificada por la Universidad de Stanford, California, EE.UU, del Programa de Docentes del Entrenamiento para Cultivar la Compasión del Centro para la Investigación y la Educación de la Compasión y el Altruismo -CCARE- en la Facultad de Medicina. En Colombia se preparó en terapias alternativas, Sintergética (propuesta de síntesis que se nutre de la Medicina Tradicional China, Terapia Neural, Homeopatía, Ayurveda y de las medicinas ancestrales de nuestros pueblos nativos, además de los adelantos de la ciencia y física contemporáneos). Algunos de sus maestros son los doctores Santiago Rojas y Jorge Carvajal, entre otros. Las dificultades económicas y el inconformismo ejerciendo su profesión en escenarios que no la llenaban no apagaron su entusiasmo para lograr los propósitos.

¿Qué es compasión?

“La compasión es un proceso que surge en respuesta al sufrimiento o malestar. Comienza con el reconocimiento del sufrimiento y luego da paso a pensamientos y sentimientos de empatía e interés por quien sufre. Esto a su vez motiva la acción de aliviar el sufrimiento. Es distinta a la lástima, el pesar, el distress empático por el sufrimiento de los demás y a la condescendencia”, explica. Solo si se entiende qué es y cómo se practica la compasión se logrará rodear de amor bondadoso a todas las actividades de la cotidianidad. “Los seres humanos tenemos una capacidad natural para sentir y expresar compasión. Sin embargo, el estrés de cada día, las presiones sociales y las diferentes experiencias de la vida hacen que sea difícil que esta capacidad se exprese y como resultado potencialmente surgen problemas físicos y emocionales. Cada uno de nosotros puede elegir cultivar, nutrir y desarrollar nuestro instinto compasivo”, afirma María Paula Jiménez Palacio.

La formación en este entrenamiento es reciente, ella pertenece a la segunda generación de egresados en el mundo, pero es el resultado de una década de investigación académica en la facultad de Medicina de la Universidad de Stanford en la que se han documentado, al menos 22 artículos publicados en revistas científicas, sobre los efectos que tiene en las personas practicar y ejercer la compasión.

“Por la intensidad de la vida de hoy, debemos acoger las prácticas del amor, la bondad, la generosidad, la común humanidad. Estoy conmovida con este proceso, no sabía el poder tan grande de la compasión”, enfatiza. La sicóloga María Paula Jiménez Palacio narra ejemplos de compasión que ofrece la naturaleza. “Los primeros, son muy compasivos. Cuando se presentan ataques de los tiburones, en lugar de alejarse, prefieren defender a los más indefensos y enfrentan a los depredadores. Los elefantes, cuando están tristes o estresados son rodeados en un círculo protector y contenidos en una especie de abrazo por parte de los compañeros de manada. Los mamíferos, como por ejemplo los monos, cuidan y dan la vida por sus crías. Son muestras de compasión reveladoras”.

La experta en despertar la bondad dice que la compasión tiene unos enemigos cercanos que se visten de compasión pero que no lo son, por ejemplo la lástima, la conmiseración, dejarse llevar por el dolor de los demás e identificarse con él.

En la vida de María Paula Jiménez Palacio ha estado la compasión dentro de ella, hacia ella y hacia los demás. “Honro a mis ángeles, quienes me han dado oportunidades que han cambiando 100% el rumbo de mi vida. Margaret Cullen, Catalina Galvis, Luz Ángela Carvajal y a la fuente de apoyo y amor incondicional que son mis padres”, dice cargada de emoción y entusiasmo, esta mujer que inspira.

El origen del entrenamiento

La compasión es para el Dalai Lama la herramienta más importante que tiene la humanidad para tender puentes y acabar con los diversos conflictos en la sociedad, por tal motivo, es que él mismo fue quien hizo la donación inicial para que el centro y la formación iniciara, siendo este el aporte más grande que ha hecho a una comunidad no budista.

Para el Dalai Lama la definición de compasión es un concepto que involucra amor, afecto, amabilidad, nobleza, bondad, gentileza, generosidad, generosidad de espíritu, calidez de corazón y conexión con otros.

“La compasión va más allá de las tradiciones religiosas porque que está presente en todas las doctrinas del planeta. Sin compasión no vamos a sobrevivir, no es un lujo, es una necesidad. Es urgente comenzar con la autocompasión, reconocer nuestros sufrimientos, perdonarnos y llenarnos de amor, actuar así, nos conducirá, sin duda, a practicar la generosidad con el entorno”, dice el Dalai Lama en varios de sus textos.

“Siento que he logrado un tesoro, que es un regalo del Universo, es mi deber y responsabilidad darlo a conocer. Actualmente ofrezco este entrenamiento en cursos seculares en Colombia y empezaré a hacerlo en América Latina y España. Hay una tendencia muy poderosa que se extiende por el mundo concentrada en notar y visibilizar los actos generosos. La transformación en todo orden de las personas que practican la compasión es evidente y está sustentada por las investigaciones. Es muy importante hacer conciencia del sufrimiento en otros y en uno mismo y es muy gratificante ver cómo se inicia el camino interior en los participantes hacia la libertad del sufrimiento”, puntualiza esta experta, generosa y compasiva mujer.

Para quienes deseen ampliar esta información está el portal http://entrenamientocompasion.com/

Este portal está dedicado a la señora Mery Segura y a sus tres queridas hijas, Ángela, Olga Lucía y Marisol Neira. Verdaderos ángeles en la Tierra. Generosidad, bondad y amor son su identidad.